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Sabiduría Hidráulica de los pueblos originarios de los Andes.

Estructuras construidas por la civilización andina  hace unos 1600 años, con el objetivo de recuperar agua de los acuíferos subterráneos.

Hace aproximadamente 1600 años, en la época precolombina, los habitantes de los pueblos andinos ancestral de Nasca desarrollaron un sistema de acueductos subterráneos, con la finalidad de abastecerse del liquido vital en las partes secas del valle que carecían de agua. La infraestructura permitió a La Cultura Nasca enfrentar las prolongadas sequías de los páramos andinos que azotaban al valle.

Los Acueductos de Nasca se localizan en la república del Perú, provincia de Nasca, departamento de Ica, en la cuenca del río Grande, caracterizado por ser un sistema hidrográfico que nace en base a las precipitaciones que ocurren en las  montañas de la parte alta de la cuenca, en la estribaciones  de los  Andes  centrales  y  que dan origen a cursos  de agua de características   intermitentes que suelen durar solamente entre tres y cuatro meses cada año (diciembre a marzo).

A través del término Cosmovisión Andina  se busca representar una visión de la realidad construida a través de un lento transcurso socio-histórico entre los pueblos y el entorno natural, como sustento para su constancia y futuras generaciones. Los pueblos originarios de los Andes, como un grupo social asociado a su entorno natural, es identificado por rasgos propios que lo distinguen de otras maneras de ver el mundo; y la consecuencia de sus interacciones resulta distinta.

La cosmovisión andina se establece en los poblados antiguos que habitan en los Andes, territorio ubicado en “América Latina, de una variada geografía y que comprende no solo la sierra o región de alta montaña, sino a sus piedemontes occidental como la costa, y oriental, la Amazonía alta” (Grimaldo 2015:2).

La historia universal data de que en la antigüedad no existían apellidos para la población. Según la Biblia, por ejemplo, a los personajes del Antiguo y Nuevo Testamento se les conocía solo por su nombre: Abraham, Moisés, Pedro, Juan, Mateo, Jesús, María y José, no había tal cosa como Abraham Pérez, Mateo Guamán o José García. El personaje Bíblico, Iscariote no era el apellido de Judas, ni Tadeo el del Santo, sino solo denominativos o apodos con las que se identificaban.  Con el tiempo las comunidades se poblaban cada vez más y surgían dudas a quien pertenecía los mensajes cotidianos que se intercambiaban.